Ficha técnica
Dirección: Joaquín Luis Romero Marchent [y Fernando Soler].País: España-México. Año: 1954. Producción: Unión Films (España) y Oro Films (México). Productores: Eduardo Manzanos y Gonzalo Elvira Rumayor. Coproductores: Salvador Elizondo y Fernando Soler. Productor asociado: Ismael Palacio Bolufer. Jefe de producción: Ricardo Sanz. Secretario general de producción: José María Monís. Primer ayudante de producción: Ignacio Gutiérrez. Segundo ayudante de producción: Emilio Bautista. Auxiliar de producción: Manuel Lecen. Regidor: Félix Moreno. Exteriores: Titulcia (Madrid). Estudios: Sevilla Films (Madrid). Laboratorios: Ballesteros (Madrid). Rodaje: 24 agosto a 23 octubre 1954. Distribución: U Films. Argumento: Antonio Abad Ojuel, Pedro Chamorro y Pedro Masó, basado en las novelas de José Mallorquí. Guión: Jesús Franco. Fotografía: Ricardo Torres, en blanco y negro. Operador: Manuel Merino. Segundo operador: Aurelio Torres. Ayudante de operador: Francisco Arana. Dirección artística: Eduardo Torre de la Fuente. Decorados: Pina y López. Diseño de vestuario: Eduardo Torre de la Fuente y Rafael Abienzo. Vestuario: Humberto Cornejo, María Luisa y Encarna. Atrezzo: Luna y Mateos. Maquillaje: Fernando Florido. Ayudante de maquillaje: Mariano García. Peluquería: Esperanza Paradela. Sonido: Jaime Torrens y Antonio Alonso, con sistema RCA. Música: Odón Alonso. Solista de guitarra: Manuel Bribiesca. Canciones: Manuel Bribiesca y Jesús Franco (letra) y Manuel Bribiesca y Odón Alonso (música). Montaje: Antonio Gimeno. Ayudante de montaje: Mercedes Gimeno. Primer ayudante de dirección: Jesús Franco. Segundo ayudante de dirección: José Luis de la Torre. Script: Carmen Salas. Foto fija: Rafael Pacheco. Intérpretes: Abel Salazar (César de Echagüe y El Coyote), Gloria Marín (Leonor de Acevedo), Manuel Monroy (Edmond Greene), Santiago Rivero (Capitán Potts), Rafael Bardem (Don Cesar de Echagüe, padre), Carlos Otero (Roberto Artigas), Julio Goróstegui (Acevedo), Lis Rogi (Josette), Xan das Bolas (Mendigo), Rufino Inglés, José María Prada, José Calvo (Sullivan), Víctor Proncet [Vittorio Pronzatto] (Sheriff), Marisol Luna, Alfredo Muñiz, Ángela Tamayo, Pedro Ignacio de Paúl, Pepa Bravo, Jerónimo Montoro, José G. Rey, Pepa Ruiz, Ignacio de Córdoba, Antonio García Quijada (Barbudo), Mario Moreno (Star), Joaquín Burgos, Fernando Delgado, Luis Domínguez Luna, Antonio Fornis, Héctor Mayro, Antonio Moreno, Miguel Pastor Mata (Coronel Clarke), José Riesgo, Emilio Rodríguez, Manuel San Román, Ángel Álvarez, Jesús Franco. Duración: 75 minutos. Estreno comercial: 5 mayo 1955, Rex y Beatriz (Madrid); 5 septiembre 1955 Bosque, Capitol y Metropol (Barcelona); 6 octubre 1955, Colonial, Popotla y Tabucaya (México D.F.).

Argumento
Corre el año 1848. Los Estados Unidos de América inician la invasión de California, para anexionarla a su territorio. El capitán Potts, de la Caballería norteamericana, dirige un discurso a los californianos, haciéndoles saber que “viene como amigo”, siendo interrumpido por dos patriotas, Valdés y Artigas, que le echan en cara sus crímenes, y huyen al tratar Potts de que los detengan.
Don César de Echagüe, rico hacendado, manda llamar a su hijo único, César, que se encuentra en Europa, creyendo que éste ayudará a los patriotas a levantarse contra el invasor, pero la llegada del joven, hecho un remilgado petimetre, lo convence de su error.
Leonor de Acevedo, novia de César, se disgusta mucho al ver, al que cree un gallardo patriota hacer amistad con los invasores. En realidad César trata de disimular su valor, con una capa de meliflua complacencia, a fin de poder estar al tanto de los movimientos del enemigo. Por ello regala al capitán Potts mil quinientos dólares, jurándole amistad, lo cual viene muy bien a aquel desalmado.
César visita en su escondite, unas ruinas abandonadas, a sus dos perseguidos amigos, Valdés y Artigas. El primero no está, ya que se ha ido a la ciudad para visitar a Josette, una cantante del “Salón Internacional”, que le finge amor, pero que lo delata a Potts, quien lo prende y lo manda ahorcar.
Poco después es Artigas quien es preso, creyendo todos que César, que sólo hace un frívolo comentario a la prisión de su amigo, es un traidor a los californianos.
La muerte de Valdés rebela la sangre patriota del joven que, convenientemente disfrazado, hace una visita al capitán Potts, antes de que éste mande ahorcar a Artigas, conminándole a liberarlo. Potts se lo promete pero no lo cumple y cuando Artigas va a ser ahorcado El Coyote lo libera.
César visita a Leonor, disfrazado como El Coyote, y un mendigo, que escucha lo que ambos hablan, se lo comunica a Potts. Este hace caer a la joven en una trampa, mandándole un falso mensaje firmado por El Coyote, donde trata de hacerle declarar quien es, pero ella calla, por lo que es puesta bajo la vigilancia de Sullivan, un matón a su servicio, quien trata de abrazarla, completamente borracho, apareciendo oportunamente El Coyote que libera a la joven.
Las injusticias de Potts y los suyos son reparadas por el temido personaje, que opera por la noche, cuando el aullido del coyote hace estremecer a los malvados.
Greene, representante diplomático de los Estados Unidos en California, es abordado por El Coyote, el cual le hace saber que detesta a Potts, a lo que Greene responde que el también lo odia, por sus fechorías, quedando amigos ambos jóvenes, a pesar de ser de nacionalidades antagónicas.
Sigue Potts haciendo de las suyas, mientras César, cuya doble personalidad desconoce el capitán, se entera de sus movimientos, ya que coincide con él en el “Salón Internacional”, y le gana siempre jugando a las cartas.
César visita a Josette, la delatora de Valdés, a quien le quita el dinero cobrado por la traición y la obliga a salir, apresuradamente, del país.
El Gobierno norteamericano sustituye a Potts, enterado de sus fechorías, lo que le comunica a Greene. El capitán quiere, a toda costa, matar a El Coyote antes de irse y César se dispone a castigarlo como se merece. Ayudado por un amigo logra que los soldados de Potts emprendan la persecución de aquel, quedando solos Potts y él, quien, a pesar de huir cobardemente, es muerto por El Coyote.
Después de todo ello César se dispone a ser feliz con su bella prometida Leonor de Acevedo.
Contexto
El proyecto de realizar una película sobre el personaje de El Coyote se materializa hacia final de la década de los cuarenta, cuando Antonio Abad Ojuel escribe un guión sobre el personaje creado por José Mallorquí. Dicho guión pasa por los despachos de varias productoras, siendo ofrecido a diversos directores, entre los que se encuentran León Klimowsky, que estuvo a punto de rodarlo, y Florián Rey. Este último declara: “He acabado por desistir de la idea de hacer en cine las aventuras de “El Coyote”, que es un personaje al que sigo creyendo mucho más importante de lo que se supone”.
En 1954 el proyecto se materializa, en una coproducción con México, que va a realizar el director de aquella nacionalidad Fernando Soler.
En realidad se trata de dos películas, El Coyote y La justicia del Coyote, que se ruedan simultáneamente, con los mismos actores y decorados. Comenzado el rodaje la tensión en el mismo va en aumento, hasta dar como resultado el abandono de Fernando Soler. Aunque se dice que la causa de tal abandono es por la poca calidad del guión, que ha llevado a la pareja protagonista a pensar en la posibilidad de paralizar el rodaje, al parecer el motivo es un asunto amoroso. Soler que había tenido una aventura sentimental con la protagonista, Gloria Marín, se encontró que ahora la actriz estaba emparejada con el actor protagonista, Abel Salazar, lo cual produjo una tensión tal entre el trío, debida a los celos de unos y de otros, que hicieron que el rodaje fuese extraordinariamente complicado, hasta el extremo de llevar al director a abandonarlo y volver a México.
Eduardo Manzanos, productor en funciones, se encontró, de repente, con el problema de buscar un director, en un plazo de viernes a lunes, que se hiciese cargo del rodaje de las dos películas. Para ello se encomendó a Romero Marchent que aceptó, con el problema de que había que reescribir el guión sobre la marcha. Esta misión la llevó a cabo Jesús Franco, según relata Romero Marchent: “Así que nombré a Franco, Franquito como le llamábamos todos, primer ayudante y guionista, y él escribía por la noche, en la casa de sus padres donde vivía entonces, las secuencias que debíamos rodar por la mañana. Era un lío espantoso, porque reescribíamos y rodábamos las dos películas al mismo tiempo, ambas por campos de luz y con los mismos actores. Es decir, casos como “estamos en el bar de la primera película en la secuencia número 13, ahora vamos a hacer la secuencia 55 de la segunda, con los mismos actores de la otra pero diferente vestuario”.
Críticas
Seguramente, Joaquín Romero Marchent y sus colaboradores se divirtieron mucho llevando a la pantalla la fabulosa figura del “Coyote”, ese gracioso enmascarado, héroe favorito de obreritos y modistillas que devoran materialmente sus aventuras en la barahunda matinal del Metro, camino del trabajo. Y así, toda la película es una graciosa broma que a veces degenera en parodia quizá involuntaria.
Por lo demás, los que conocen toda la larga serie de novelitas que sobre el tema escribió Mallorquí, aseguran que para llevar adelante el empeño no cabía seguir otro camino, y ese fue el que escogieron adaptador, guionista y director, muy acertados en ocasiones al dar al film el ritmo vertiginoso y trepidante que el asunto exigía.
El público, por su parte, siguió con risueño interés el curso de la peripecia, subrayando con risas benévolas los momentos en que al sobrecargar la dosis, se convierten las escenas casi en viñetas de semanario infantil.
Y eso es todo, la interpretación no pasa de discreta en lo que se refiere a Abel Salazar, el esforzado y omnipresente enmascarado, y a Gloria Marín, que interpreta a la enamorada Leonor. Rafael Bardem hace un papel de escaso relieve y solo cabe destacar del numerosísimo reparto a Santiago Rivero y a Manuel Monroy, muy ajustados a los personajes que les fueron confiados.- G. Bolin (ABC, 6 mayo 1955, páginas 53 y 54).
La en su momento inagotable serie novelesca elaborada por la fácil pluma del señor Mallorquí Figuerola es tan popular, dentro y fuera de España, que, incluso para quienes por diversos motivos no trabaron relación directa con ella, su adaptación cinematográfica no parecía fácil que ofreciese sorpresas. Así ha sido. Este “Coyote” cinematográfico que con tan relativo acierto encarna Abel Salazar se parece demasiado a la fauna que le precedió en la pantalla, “El Zorro” entre otros, para que cupieran asombros. Ni tampoco desencantos, claro está, porque los aficionados a tales lecturas saben muy bien lo que van a encontrarse, y los que no lo son es de suponer que no pretenderán averiguarlo. Por consiguiente, casi está de más que abordemos la en este caso ardua tarea de pormenorizar. Baste decir que, con fortuna variable, “El Coyote” desface entuertos a troche y moche, en una apelotonada sucesión de andanzas que hacen y harán las delicias del público a que va dedicada.- H. S. G. (La Vanguardia, 7 septiembre 1955, página 16).
Se hicieron populares en España unas novelas por entregas que tenían por héroe al Coyote, personaje del todo inspirado al autor Mallorquí por el Zorro de Johnston McCulley (a su vez inspirado, quizá, por las “hazañas” enmascaradas del Ku Klux Klan). Llevadas al cine, las aventuras del Coyote dieron pie a dos westerns que encabezaron sus repartos con dos mexicanos, Abel Salazar y Gloria Marín, para reforzar (?) el simulacro de una mínima autenticidad en la recreación de la California de mediados del siglo XIX. El Coyote, primera de las dos cintas, se adorna con una suerte de prólogo de montaje que mezcla sin ton ni son escenas épicas tomadas como stock shots de westerns norteamericanos y de cintas dedicadas por Hollywood a la guerra de secesión. Lo que sigue no es mucho más verosímil, y el director español, poco inspirado, ha de agrandar al final la sombra del protagonista, en contraste con la más pequeña del villano principal, para darle una estatura heroica que Abel Salazar no sugiere en ningún otro momento. Por su parte, Gloria Marín aparece poco y no da señales de sentirse atañida por la mascarada en que la han metido.- Emilio García Riera: Historia documental del cine mexicano. Tomo 7. 1953-1954. Universidad de Guadalajara, Gobierno de Jalisco, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes e Instituto Mexicano de Cinematografía. México, 1993. Páginas 318 y 319.
Comentario personal
Después de ver esta película me he quedado con un sabor agridulce. A la emoción de ver “en vivo” a César de Echagüe, Leonor de Acevedo o Edmunds Greene, se le añade las personalidades poco creíbles de los personajes y las licencias del director. Vemos a un César sin bigote, poco elegante (sobre todo cuando va enmascarado) y cuya identidad no es tan desconocida por sus amigos. Es una película muy corta y que se reconoce con muy pocos medios. De todas formas es al menos una curiosidad que vale la pena ver, aunque está lejísimo de la magistral figura desarrollada por Mallorquí.






